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Lluvia, lunas, flechas, palmeras y huesos.

La borrachera aquella noche estuvo brutal. Pocas veces me quitaba los tenis manchados de mi propio vómito, era así como medía que tan mal me había puesto a la mañana siguiente. Si mi calzado estaba lleno de vomito probablemente había hecho alguna pendejada la noche anterior.

Me desperté con un dolor de cabeza muy fuerte, ninguna cruda podía asemejarse a esa, nunca había sentido tanto dolor por una noche de borrachera como esa mañana. 
Volteé a mi derecha buscando su cuerpo pero ella no estaba. Me levanté al baño para satisfacer mi necesidad de orinar y al verme en el espejo vi que mi cara estaba cubierta de sangre. El dolor que sentía no era por la cruda sino por un golpe que tenía en la frente. 
Empecé a tratar de recordar que había pasado la noche anterior. Recordé la razón por la que había amanecido solo, ella se había ido con un tipo que estaba presumiendo de sus tierras en no sé qué país de Europa, al parecer tenía mucho dinero. Tengo que admitir que era bien parecido, algo contra lo cual yo no podía competir.

También recordé que me había vomitado en el bar, no había tomado tanto pero después de tres días de estar en ese crucero aún no me acostumbraba a los bruscos movimientos del mar, sabía que no debía haber ido y menos invitarla a ese viaje. Da igual, ya estaba solo.

Me quité la sangre de la cara y volví al bar por dos botellas de whisky después regresé a mi camarote, en la puerta vi una mancha de sangre y caí en la cuenta de que la herida en mi frente me la había hecho al chocar con ella, patético. Abrí una botella, iba a beber hasta quedar inconsciente. Aún quedaban tres días de ese puto viaje y ya estaba todo arruinado.

No sé cuántas horas pasaron pero no fueron las necesarias, desperté debido a que el crucero se movía demasiado, quedaba media botella de whisky. Me asomé hacía afuera por una de las dos pequeñas ventanillas con las que contaba y se trataba de una tormenta.

La lluvia azotaba bruscamente al igual que las olas, mientras el cielo se iluminaba a causa de los rayos.
Tomé rápido el salvavidas que me habían proporcionado y que yo había exigido desde el momento en el que subí al barco. Era ridículo, a mis 28 años aún no sabía nadar.

Era extraño, al salir a los pasillos no vi a nadie, supuse que en un caso de ese tipo mucha gente estaría gritando sin saber qué hacer, pero yo era el único que corría.

Al asomarme por la borda vi que tres pequeños botes repletos de personas se alejaban del barco que ya empezaba a inclinarse mientras se hundía. Nadie se había preocupado por llamarme o siquiera revisar que estuviera bien, ni siquiera ella.

Las grandes olas hicieron que el barco se meciera e hicieron que cayera de él. Empecé a mover mis brazos y piernas mientras respiraba agitadamente por la boca sin poder evitar que entrara agua por ella. En ese momento creí que moriría devorado por el mar.

De alguna manera el mar me rescató, retrasando un poco de tiempo lo que era inevitable que sucedería. Desperté en una isla que al parecer estaba desierta, la tormenta había parado pero el cielo aún se veía iluminado, esta vez a causa de una enorme luna.

No veía a nadie más alrededor, al parecer yo era la única persona que había llegado hasta esa isla. Decidí quedarme a la orilla del mar y explorar a la mañana siguiente cuando el sol me brindara la iluminación necesaria para no ir por ahí tropezando por doquier. Caminé a la palmera más cercana, me recargué en ella y espere.

El silencio invadía el espacio de una manera que te llenaba de paz, el único ruido que se escuchaba era el de las olas que ya más tranquilas se veían hermosas comparándolas con el incidente que había vivido unas horas atrás en el barco.

El cielo empezó a aclararse. El sol estaba a punto de salir, la verdad es que había perdido la noción del tiempo, no habían pasado ni siquiera dos horas desde que me había sentado en la palmera. Volteé hacía arriba y vi que algunos cocos colgaban de ella pero ni siquiera hice el intento de alcanzarlos, con la condición que tenía nunca iba a llegar a ellos, así que al fin me dispuse a explorar en la isla en busca de alimento.

Mientras me adentraba en la isla recordé que el viaje no lo había iniciado solo, tenía que cuidarla y había fracasado una vez más. Olvidé mi hambre y toda mi preocupación empezó a girar alrededor de ella. ¿Cómo estaría?, ¿viviría?, lo más importante: ¿con quién estará?

Tropecé por ir distraído y caí sobre lo que creí era una roca pero al ver bien vi que era un cráneo de humano y demás huesos alrededor de ese lugar. Rápido me levanté asustado y corrí mientras flechas pasaban encima de mí.

No tardaron en atraparme, realmente mi condición era mala.

Las personas que habitaban la isla iban casi desnudas, solamente cubrían sus partes intimas con piel de animal, no supe identificar de cual se trataba a simple vista. Me ataron de pies y manos y entre 4 me cargaron mientras yo gritaba que me liberaran. Supuse que no me entendían  porque aparte de que nunca me bajaron  hablaban en alguna lengua de la cual no entendí nada.

Al llegar a un lugar al que parecía un templo me lanzaron al piso sin importarles nada. En aquel lugar había una persona que yo conocía, era el tipo por el cual ella me había cambiado, de igual manera atado de pies y manos. Me gritó que lo ayudara pero poco podía hacer. Y aunque hubiera estado en mejor posición, aún así no lo hubiera ayudado.

Le pregunté por ella y me dijo que no sabía, que ella lo había abandonado cuando empezó la tormenta. No sé por qué pero sonreí.

En ese momento no pedí por mi alma, pedí por la de ella.

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